Cómo superar el parón sin ser un moroso: reunificación de deudas

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La morosidad es una sombra que sobrevuela miles de hogares en España, pero todavía es sólo eso: una amenaza. Los verdaderos problemas llegarán a la vuelta del verano. Las crisis anteriores así lo han demostrado. Ahora muchos hogares se van de vacaciones y a la vuelta “ya veremos cómo solucionamos las dificultades”.

Pero lo peor es que cientos de empresas no volverán a abrir tras cerrar por vacaciones y otras muchas no renovarán los contratos temporales. Eso significa más paro y más impagos. En torno a 100.000 familias podrían dejar de pagar sus hipotecas este año.
El banco no quiere la casa

Para evitarlo existen algunas fórmulas. El director de Banca Minorista de Banco Sabadell, Ramón Gras, explica que el banco no tiene ningún interés en quedarse con las viviendas y menos las de aquellos que llevan ya varios años pagando la hipoteca. Su negocio no es el inmobiliario y lo que quieren es cobrar la deuda y los intereses, que es lo que les aporta beneficios. Por eso, se sientan a negociar con el cliente siempre que ven posibilidades de que acabe pagando.

Las salidas más utilizadas son la ampliación del plazo de la hipoteca, la concesión de un año de carencia en el que sólo se pagan intereses (en casos excepcionales dan hasta dos) o una mezcla de ambos.Cuando se tienen numerosos créditos también se puede optar por la reunificación de todos ellos. Las propias entidades lo ofrecen si ven que consiguen abaratar las cuotas y es la única salida para las finanzas familiares.

Además, para la situación actual es recomendable tener contratado un seguro de protección de pagos, explica la directora de marketing de la aseguradora April Iberia, Almudena Gómez. Con él, se cubre el paro involuntario de los empleados o la incapacidad temporal de los autónomos. Es una póliza cada vez más común, integrada en muchos casos en el seguro de vida.
No se debe recurrir como escapatoria a los préstamos privados

A lo que no debe recurrirse como escapatoria es a los préstamos privados. Si una entidad financiera no encuentra una salida al embargo es porque probablemente no la hay. Los tipos de interés de los prestamistas privados pueden rondar el 20% y, en muchos casos, su único objetivo es quedarse con la vivienda.

Y si se intenta todo y no se consigue refinanciar la deuda ni vender la vivienda para saldar los préstamos, hay que hacerse a la idea de que a la tercera cuota impagada el banco le considerará moroso. A partir de ahí empieza un farragoso y largo trámite judicial.

Mientras dura ese proceso, el deudor siempre puede pagar los atrasos y los costes de la causa (unos 10.000 euros de media) y paralizarlo todo. Si aun así llega al deshaucio, sigue teniendo la posibilidad de recuperarla cuando el banco la saque a subasta porque tiene preferencia sobre cualquier otra puja.